La trampa de la empatía en la Inteligencia Artificial
La traición silenciosa más allá del empleo.
El debate general en torno a la Inteligencia Artificial suele orbitar sobre el mismo eje: la destrucción de empleo y el reemplazo de la fuerza laboral por máquinas. Sin embargo, tras la aparente inevitabilidad histórica de la tecnología, late una amenaza mucho más sutil, íntima y perturbadora de la que apenas se está hablando: la quiebra absoluta de nuestra privacidad emocional y la posibilidad real de la traición digital.
Es innegable el temor generalizado al cambio. Es una reacción humana y natural. La IA va a sustituir a muchas personas por sistemas automatizados; no obstante, esta transición ya la vivimos en la Revolución Industrial, cuando el tejido social se adaptó penosamente a nuevas formas de producción. La historia volverá a repetirse. Este cambio cogerá a contrapié a una inmensa mayoría de la población, ensanchará la desigualdad social y, sin duda, provocará fricciones y conflictos de gran calado.
Sin embargo, mi reflexión y mi preocupación va mucho más allá del plano puramente material de la economía o el mercado laboral. Me inquieta algo mucho más intangible y doloroso que hunde sus raíces en la condición humana: las traiciones. ¿Cuándo veremos el primer caso en el que la inteligencia artificial actúe, de forma indirecta, como testigo clave en un juicio? La respuesta es que estamos a las puertas de que suceda y será titular en muchos periódicos.