viernes, 17 de julio de 2026

La trampa de la empatía en la Inteligencia Artificial

 


La trampa de la empatía en la Inteligencia Artificial 


La traición silenciosa más allá del empleo.

El debate general en torno a la Inteligencia Artificial suele orbitar sobre el mismo eje: la destrucción de empleo y el reemplazo de la fuerza laboral por máquinas. Sin embargo, tras la aparente inevitabilidad histórica de la tecnología, late una amenaza mucho más sutil, íntima y perturbadora de la que apenas se está hablando: la quiebra absoluta de nuestra privacidad emocional y la posibilidad real de la traición digital.

Es innegable el temor generalizado al cambio. Es una reacción humana y natural. La IA va a sustituir a muchas personas por sistemas automatizados; no obstante, esta transición ya la vivimos en la Revolución Industrial, cuando el tejido social se adaptó penosamente a nuevas formas de producción. La historia volverá a repetirse. Este cambio cogerá a contrapié a una inmensa mayoría de la población, ensanchará la desigualdad social y, sin duda, provocará fricciones y conflictos de gran calado.

Sin embargo, mi reflexión y mi preocupación va mucho más allá del plano puramente material de la economía o el mercado laboral. Me inquieta algo mucho más intangible y doloroso que hunde sus raíces en la condición humana: las traiciones. ¿Cuándo veremos el primer caso en el que la inteligencia artificial actúe, de forma indirecta, como testigo clave en un juicio? La respuesta es que estamos a las puertas de que suceda y será titular en muchos periódicos.

La ilusión de la confidencialidad y el refugio psicológico

   En la actualidad, las personas se relacionan con la IA a niveles de intimidad sin precedentes. Diversos estudios y estadísticas apuntan que una de las mayores fuentes de consulta a los modelos de lenguaje conversacionales no son tareas de oficina, sino la búsqueda de apoyo psicológico para gestionar estados de soledad, ansiedad, duelos o dilemas de índole estrictamente personal. El usuario, fatigado por el aislamiento moderno, encuentra en la máquina una respuesta inmediata, empática y que aparenta no juzga.

   De manera casi inconsciente, le otorgamos a la IA el valor de un amigo íntimo o de un experto de confianza. Esta cercanía artificial nos hace creer que estamos en un entorno seguro, privado y blindado para desahogar nuestros miedos o secretos más oscuros.

   Es aquí donde reside el verdadero peligro: la IA no es tu amiga. Detrás del código no hay empatía, sino un software propiedad de corporaciones con intereses económicos descomunales y bajo el escrutinio de organismos públicos o privados que aspiran a capitalizar esa información en su propio beneficio.

"La peor traición no proviene de tus enemigos, sino de aquellos en quienes confiabas y depositaste tu vulnerabilidad"

El precedente judicial: conversaciones que se vuelven pruebas

   Es evidente que un algoritmo no va a subir físicamente al estrado a testificar como un ser humano, declarando bajo juramento que le confesaste un secreto o un delito. Sin embargo, lo que sí llegará a los tribunales serán los registros, metadatos e historiales de conversación en manos de los equipos técnicos de las grandes tecnológicas, requeridos por autoridades policiales o judiciales.

   Al igual que hoy en día se aportan búsquedas de Google en juicios criminales (como aquellas consultas sobre "dónde comprar un arma" o "cómo deshacerse de un cuerpo" planeado un delito), las largas sesiones de desahogo y las confidencias que mantienes con la IA se convertirán en pruebas incriminatorias de enorme peso legal. Lo que creías una íntima conversación privada no es más que una bitácora digital que pertenece a terceros.

El espectro del control y la manipulación de masas

   Si ampliamos el foco analítico más allá de los tribunales, entramos en terrenos aún más pantanosos: el control social de la población. Cuando una tecnología conoce al detalle nuestras debilidades psicológicas, miedos más profundos, filias y fobias, el potencial de explotación por parte de organizaciones interesadas en moldear la conducta colectiva es ilimitado.

   Este fenómeno no pertenece al futuro; es una realidad que ya se despliega en la sombra de las esferas de poder político. Los modelos de IA permiten clasificar a la ciudadanía de forma milimétrica para diseñar campañas de influencia cognitiva hiperpersonalizadas, afectando directamente al sentido del voto y socavando la soberanía de nuestras elecciones individuales. En manos de regímenes autoritarios o corporaciones oligárquicas, la IA se perfila como la herramienta definitiva para edificar dictaduras basadas en la manipulación sutil de las mentes y un control férreo de las libertades individuales como nunca antes se ha visto en la historia de la humanidad.

Una traición en el ámbito cotidiano

   Volviendo a lo cercano, a lo cotidiano, quizás no pierdas tu puesto de trabajo porque un robot sea capaz de hacer tus tareas de forma más eficiente. Puede que lo pierdas porque la herramienta de IA de uso corporativo en la que confiabas filtre (directa o indirectamente) a tu empresa que te sientes desmotivado, que buscas empleo en la competencia, o que atraviesas un bache personal que te hace menos rentable o "peligroso" para sus intereses estratégicos.

La necesidad de escribir esta reflexión surge del propio conflicto personal: incluso quienes “comprendemos” la tecnología caemos en el hábito de confiar en ella. Y, por experiencia vital, sabemos bien que pocas cosas dejan una cicatriz tan profunda en el alma como la traición de aquel en quien decidimos depositar nuestra confianza. Como dijo Yuval Noah Harari: “Para hackear a los seres humanos, se necesitan dos cosas: una gran comprensión de la biología y un gran poder de cómputo”. En esa sutil intersección entre nuestra psicología y sus servidores, es donde se consuma la traición silenciosa.






miércoles, 1 de julio de 2026

A física dun terremoto: como sabelo un minuto antes

 

A física dun terremoto: como sabelo un minuto antes


Para entender como funciona un sistema de alerta sísmica, hai que esquecer as intuicións e mirar as leis da física. A efectividade destes sistemas non depende da sorte, senón de tres factores: o hipocentro (o punto subterráneo onde rompe a falla), o epicentro (o punto da superficie xusto enriba da ruptura) e a velocidade das ondas de enerxía.

A carreira entre dúas ondas

Cando a terra rompe, a enerxía viaxa polo subsolo en forma de dúas ondas mecánicas diferentes:

  • Ondas P (Primarias): Son as máis rápidas (viaxan a uns 6 km/s). Son ondas de compresión, non fan dano estrutural, pero son as que detectan os aparellos.

  • Ondas S (Secundarias): Son máis lentas (viaxan a uns 3.5 km/s). Moven o chan de lado a lado e son as verdadeiras responsables da destrución.

A clave da alerta está nesa diferenza de velocidade. Cando un sismo ocorre, os sensores situados cerca do epicentro detectan a onda P instantaneamente e envían un aviso electrónico á cidade á velocidade da luz (300.000 km/s). O aviso chega en milisegundos, mentres que a onda S destrutiva aínda vén camiñando polo subsolo a "só" 3.5 km/s.

A ecuación do tempo: Canto espazo fai falta para un minuto?

Para que unha cidade teña un minuto xusto de alerta antes de que o chan empece a sacudirse con forza, o sismo ten que producirse (detección inmediata) a unha distancia determinada.

Aplicando unha fórmula cinemática sinxela baseada na velocidade da onda destrutiva (S = 3.5 km/s):

 Distancia = Velocidade de onda S x Tempo de alerta

                           Distancia = 3.5 km/s x 60 segundos = 210 km


O sismo debe ocorrer a unha distancia mínima duns 220 quilómetros da cidade para que a poboación teña un minuto real para reaccionar. Aínda que matematicamente a onda S tardaría xusto 60 segundos en percorrer 210 quilómetros, esa cifra é unha idealización. Na práctica, necesítase máis marxe para compensar máis factores, como o tempo que se tarda en procesar o sismo e lanzar a alerta.

Isto explica o concepto científico da "zona cega": se o terremoto ocorre xusto debaixo dunha cidade ou a menos de 40 ou 50 quilómetros, a diferenza de tempo entre as ondas é de apenas uns segundos. Físicamente é imposible que o sistema procese e envíe a alerta efectiva antes de que comece o desastre.

A diferenza entre países: Resonancia e inercia

A física non remata na alerta, continúa na estrutura dos edificios. Cando a onda S golpea unha construción, aplícase a segunda lei de Newton: o edificio sofre unha forza de inercia proporcional á súa masa (F = m.a).

A diferenza real entre os países desenvolvidos e os vulnerables non está só nos seus sensores, está na súa enxeñaría estrutural:

  • Evitar a resonancia: Os países avanzados obrigan a usar o illamento de base (rodamentos de caucho e aceiro). Isto funciona como un filtro mecánico: separa o edificio do chan para que as frecuencias do terremoto non coincidan coas do edificio, evitando que este se balancee ata colapsar.

  • Amortecedores: Utilízanse sistemas hidráulicos que absorben a enerxía cinética e a converten en calor, reducindo drasticamente o impacto no edificio.

En conclusión, o sismo é un evento físico inevitable, pero que un terremoto destrua unha cidade e cause mortes depende de dous factores científicos equilibrados. Por un lado, a distancia ao epicentro require unha rede pública de sensores profesionais sobre a falla para enviar o aviso de inmediato e evitar que o procesamento informático reduza o minuto de ouro a uns poucos segundos. Por outro lado, a seguridade real esixe aplicar a física clásica na construción para que as estruturas soporten a forza de inercia mediante amortecedores e illamentos de base. Aí é onde os países deben investir, sobre todo en zonas de elevado risco.



---


domingo, 17 de mayo de 2026

Día das Letras Galegas 2026. A ninguén.


Este ano 2026, o Día das Letras Galegas está dedicado á xornalista e narradora Begoña Caamaño (Vigo, 1964 – Santiago de Compostela, 2014). A Real Academia Galega acordou homenaxear a unha autora que, a pesar de publicar dúas únicas novelas de xeito tardío, deixou unha pegada fonda ao reescribir con mestría os mitos da Odisea e a materia de Bretaña. Con esta escolla, a RAG non só celebra a súa calidade literaria, senón tamén a súa traxectoria como xornalista comprometida coa verdade, coa cidadanía e co uso do noso idioma, nun momento no que cómpre máis ca nunca reivindicar un espazo para este tipo de xornalismo.


Coma esta conmemoración me pillou sen tempo para preparar algun dos meus poemas, vou botar man dun que compuxen hai un tempo. Trátase dunha peza inscrita no xénero da poesía detonante. Como son consciente de que teño moi poucos lectores, malo será que acabe transcendendo o segredo que nel se agocha:





A ninguén


A ninguén lle conto o meu segredo,

gardo o misterio e o egoísmo por dentro,

porque ao dicilo é meu e dor que sinto,

un lume vivo que alimento en silencio.


En cada paso que dou vexo o tesouro,

baixo o chumbo dun ceo gris e cincento,

de súpeto o sol racha e mostra ouro

que busca a miña pel cun bico de vento.


É unha caricia quente e tenra,

mentres o mundo camiña nas tebras,

un abrazo de luz que me acompaña

cando a tristeza nas rúas medra.


Outros se afogan en vasos de auga,

eu vexo os problemas que caen por terra,

non hai nudo que resista o meu pulso

cando a luz interior á alma me aferra.


Dende neno camiño con este sigilo,

co saber de que nunca a vida sinxela foi,

sempre hai un sinal, un lóstrego de dor,

ou un golpe de ledicia que me aparta o po.


Alimento o meu ser con todo o vivido,

con recordos gravados a lume e cariño,

lánzome ao futuro coa forza rotunda

de quen sabe que verdades depara.


E calo, porque me daría vergonza

que outros ollaran esta luz tan divina,

pois desprezan o que non comprenden

mentres cerran os ollos a tanta beleza.


Prefiro ser egoísta e non contar a ninguén

o silencio da man que me encamiña.

A luz que ilumina en cada xornada,

o tempo enche de amor e de ledicia.


A ninguén debía dicir o que aquí escribo,

o silencio é a miña vitoria,

aínda que non quede memoria.


                                             ---